Vidas. Bienvenido Lahuerta Gracia

Hace unos años tuve la oportunidad de realizar una breve publicación para recoger la historia de Bienvenido Lahuerta Gracia, vecino de Agón (Zaragoza), prestando atención a su trayectoria durante el periodo de la II República (1931-1936) y la Guerra Civil española (1936-1939). A continuación se relata lo sucedido en Agón en las primeras semanas de guerra, lo acaecido a la familia Lahuerta Gracia y, en especial, a nuestro protagonista. Su historia no deja indiferente.

Al final del artículo comparto la publicación que se realizó con la ayuda de la Diputación Provincial de Zaragoza (libro breve gratuito que se repartió en su día en un homenaje que se le hizo) para que su historia se conozca y no se olvide.

El golpe de Estado.

Durante la mañana del 18 de julio de 1936, las noticias sobre la sublevación de un grupo de generales en las posesiones militares del norte de África se confundían con los continuos rumores que advertían la posibilidad de que el golpe de Estado pudiera secundarse en otras plazas de la península. Mientras los militares sublevados ultimaban los últimos detalles para trasladar tropas por el estrecho, en la península la rebelión comenzaba a fraguarse en los cuarteles militares. En ciudades como Salamanca, Burgos, Pamplona o A Coruña las autoridades militares secundaron el movimiento y con la ayuda de las fuerzas de seguridad y de adictos a la nueva causa, lograron hacerse con el poder político y contrarrestar cualquier acto de oposición a la intentona golpista. Sin embargo, allí donde las organizaciones izquierdistas lograron hacerse con armas y contaron con el apoyo de las fuerzas de seguridad del Estado, la sublevación fracasó. Situación que, al cabo de unas semanas, acabó generando dos zonas enfrentadas y, en consecuencia, el inicio de la Guerra Civil[1].

En Agón, como en los pueblos de la parte occidental de la Provincia de Zaragoza, no hubo guerra[2]. El mismo día que los insurgentes se impusieron en la capital, comenzó un proceso represivo dirigido contra todas aquellas personas que hubieran militado o simpatizado con las fuerzas políticas aglutinadas en el Frente Popular[3]. Como en tantas otras ocasiones, la represión no fue inmediata. Las fuerzas insurgentes se tomaron unos días para recabar información sobre las personas que habían ocupado un puesto en los partidos políticos y sindicatos de izquierda. En este proceso, la delación de algunos vecinos y la información vertida por la Guardia Civil fue crucial. Entre los hombres señalados, destacaban Bienvenido Lahuerta Gracia y los hermanos Madurga Fraca.

El verano del terror caliente

Apenas hubo transcurrido una semana desde el fallido golpe de Estado dirigido por Francisco Franco, el 26 de julio de 1936 Bienvenido y los hermanos Madurga recibieron un “recado” para que se presentaran en el Ayuntamiento. Allí les esperaban varios guardias civiles que los detuvieron y encerraron en un furgón. Al final de la pesquisa, las 6 personas que fueron detenidas fueron trasladadas al cementerio de Magallón para ser fusiladas. Llegados a las tapias del cementerio, los reos fueron colocados en fila y frente a ellos, 6 guardias civiles se preparaban para disparar. Bienvenido miró a uno de ellos y le dijo “por favor, no me hagas sufrir, tira a matar”.

Después de la fatal descarga, los detenidos cayeron al suelo y, aunque Bienvenido no tenía ninguna herida, cayó al suelo desmayado. Aún así, no se libró del tiro de gracia. Uno a uno, un guardia civil fue dando el tiro de gracia a los ejecutados. Cuando llegó a la altura de Bienvenido, el oficial de la benemérita le asestó un disparo que le entró por la nariz y el ojo y le salió por detrás de la oreja volviéndole a entrar por el hombro para, finalmente, quedarse la bala incrustada en la espalda. La fortuna quiso que el tiro no fuera letal.

Instantes después, comenzó a llover. La lluvia le hizo recobrar el reconocimiento. Desorientado y dolorido, pronto se dio cuenta de la gravedad de su herida. Aún así, no se movió. No podía ver por un ojo, pero sí podía oír las voces que provenían de una de las salas del cementerio. Por temor a que pudieran descubrirlo y asestarle otro tiro, permaneció inmóvil. Al terminar la tormenta, los guardias civiles salieron para recoger los cadáveres y llevarlos al depósito. En ese momento, Bienvenido tuvo que hacer un gran esfuerzo para no gritar de dolor.

Después de ser llevado al depósito del cementerio, comenzó a oír la respiración de uno de los hermanos Madurga. Bienvenido le susurró “aguanta y cállate que luego nos escaparemos”. Pero poco tiempo después, una persona entró en la sala. Bienvenido siguió sin moverse y contuvo la respiración. Sin embargo, la fuerte respiración hermano Madurga puso en alerta al guardia civil quien no dudó en asestarte otro tiro que asustó a Bienvenido, pues se hallaba debajo. Cuando se cercioró de que los guardias civiles se habían marchado, salió hacia la puerta. Entonces oyó unas voces y, ante el temor de ser descubierto, volvió corriendo a colocarse tal cual lo habían dejado para que no se dieran cuenta de que estaba vivo. Al final, resultaron ser unos jóvenes de Magallón que, interesados por lo ocurrido, fueron a curiosear.

Cuando los jóvenes salieron del depósito, Bienvenido se incorporó, salió de la habitación y, malherido, se dirigió al hospital de Borja. Para evitar ser descubierto, recorrió los 7 kilómetros que separan Magallón de Borja campo a través. En el trayecto, tuvo que hacer varias paradas. El dolor de las heridas y la constante perdida de sangre le debilitaron. Después varias horas, logró llegar a la Hospital de las monjas de Borja. Al verlo las religiosas le indicaron que se dirigiera primero a la Guardia Civil. Dos jóvenes que pasaban por la calle, al verlo herido, lo llevaron al médico. De nuevo, éste ordenó que fuera llevado a la Guardia Civil. El miedo a las posibles represalias por haber ayudado a un “disidente” hizo que, antes de ser curado de las heridas, Bienvenido acabara presentándose en el puesto de la Guardia Civil de Borja.

El cabo del puesto de la benemérita, Augusto Martín, al ver el estado de Bienvenido ordenó que fuera enviado inmediatamente al Hospital donde las monjas le extrajeron la bala y curaron sus heridas. Durante el largo proceso de recuperación, Bienvenido fue constantemente vigilado. En la puerta de su habitación se apostaron dos guardias civiles para evitar que pudiera fugarse.

Sobrevivir a su fusilamiento

En los dos meses que estuvo convaleciente, Bienvenido recibió varias visitas. En alguna ocasión fue a visitarlo el párroco del hospital, Mauricio Soria, con quien estrechó lazos amistad. Diariamente recibía la visita del Marqués de Espejos y de su hija. Cada día le llevaban un postre diferente. Tiempo después, Bienvenido se enteró de que uno de los hijos del marqués había sido fusilado en el bando republicano. Bienvenido le preguntó qué le impulsaba a visitarlo cada día. El marqués le dio una respuesta contundente: “hijo, inocentes hay en todas partes”. Por último, después de que les comunicaran que Bienvenido había sobrevivido al fusilamiento, casi todos los días su madre y hermana  acudían andando hasta Borja para verlo, darle ánimos y para llevarle algo de comida. Y los días que no acudía hasta el hospital de Borja, Gregoria Gracia se trasladaba hasta Magallón donde mantuvieron preso a su marido Bienvenido Lahuerta Lara. Un día, en uno de esos constantes viajes de Gregoria a Borja y Magallón se encontró a los hermanos Lara y Fausto Mayayo que estaban escondidos por los campos. Ese primer encuentro fue el primero de varios en los que Gregoria servía de enlace informando de las novedades a los huidos y proporcionándoles algo de comida. Poco tiempo después los paquetes que dejaba dejaron de ser recogidos. Luego se enteró de que habían matado a Fausto Mayayo y herido a Jesús Lara, quien al final consiguió huir al final de la zona republicana y huir del país junto con sus hermanos.

El 12 de agosto de 1936 Bienvenido Lahuerta Lara fue sacado de la cárcel municipal de Magallón y, posteriormente, fue fusilado. La noticia fue un duro golpe para la familia. Aún así, Gregoria Gracia continuó caminando cada día los más de 10 kilómetros que separaban Agón de Borja para ver a su hijo y llevarle comida. Después de tres meses en el hospital, Bienvenido estaba totalmente recuperado. Al darle el alta, el teniente de la Guardia Civil le comunicó que había pedido permiso a la autoridad militar para alistarlo pues temía que si regresaba a Agón podían volver a fusilarlo. El 27 de octubre de 1936, Bienvenido se incorporó en la 3ª Bandera de FET, considerada como fuerza de choque de la División 53 y, ese mismo día, participó en la defensa de  Alcubierre.


[1] CENARRO LAGUNAS, Ángela, “Muerte y subordinación en la España franquista: El imperio de la violencia como base del “Nuevo Estado”, Historia Social, nº 30, 1998, pp. 5-22. Asimismo, existen numerosos relatos sobre la trama conspirativa y el desarrollo de los primeros días de guerra. Véase la ya clásica obra de JACKSON, Gabriel, La República Española y la Guerra Civil, Critica, 8ª Edición, Barcelona, 1995, pp. 202-225; la obra de PRESTON, Paul, La guerra civil española. De Bolsillo, Barcelona, 2004, p. 51-98; los estudios de Gabriel Cardona como su artículo “El cataclismo de julio” en la colección La guerra civil. Tomo 4. El 18 de julio. La sublevación paso a paso, Historia 16, 1986, p. 6-56. Una reciente síntesis en CASANOVA, Julián,  República y Guerra Civil. Tomo 8 de la colección dirigida por FONTANA, Josep y VILLARES, Ramón, Historia de España, Crítica y Marcial Pons, Barcelona, 2007, pp. 187-219.

[2] Sólo en determinadas localidades, como Epila, Sos, Alagón, Zuera o Luceni, se produjeron algunos enfrentamientos que fueron contestadas por las fuerzas insurgentes con el envío de una “fuerza de castigo” para neutralizar las disidencias. Véase el artículo de HEREDIA URZÁIZ, Iván, “La sublevación militar” en LEDESMA VERA, Jose Luis Y MALDONADO, José María (Coords.), La Guerra Civil en Aragón. El Estallido de la guerra. La sublevación militar y la llegada de las milicias, Tomo II, El Periodico de Aragón, Zaragoza, 2006.

[3]La agrupación electoral llamada Frente Popular, se formó en 1936 para acudir unidos a las elecciones que se celebraron en febrero y en las cuales salieron victoriosos. Los partidos que se aglutinaron en torno al Frente Popular fueron los partidos republicanos de izquierda, el PSOE y el PC.

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